Diario de una condesa sin tornillos

Sala de espera

Veterinaria San Francisco de Asís

Álvaro Obregón

13.47 pm

Tomamos el turno 38; llegamos en el turno 10, a las 11.30 am. Rana espera pacientemente.

Sitting, waiting & wishing


Apenas hace dos días tomé la decisión de tener un hijo pasados los 30. Los rostros de las madres emocionadas en Park City, Utah –listas para ver a sus hijos esquiar en nieve– me produjeron algo diferente (por no decir hermoso o ridículamente inspirador). Me mudé de bando en cuatro días, de las odia-niños a las toma-fotos y regala-sonrisas a niños ajenos. Sin embargo, ayer me eché para atrás sin miras a cambiar de opinión en un futuro cercano. Rana, mi schnauzer de casi de 10 años –vieja conocida para muchos de ustedes–, se convulsionó frente a mí víctima de un cuadro hepático:  el concepto que tengo de mundo, los conocimientos que he adquirido a lo largo de 28 años, el instinto de supervivencia, la capacidad de reacción, todo, absolutamente TODO, valió para pura madre en lo que, según me cuentan, duró 25 segundos.

Nada más de acordarme vuelvo a llorar. Tanto, que el nada agradable episodio permanecerá inenarrable hasta que supere el trauma. Llevo cuasi hilvanada a Rana las últimas 36 horas y no pienso separarme de ella hasta que vuelva a Nueva York. La beso, la contemplo, la vuelvo a besar. Nadie sabe lo que a esta canija y a mí nos ha tocado vivir juntas, nadie puede juzgarme por amarla y procurarla tanto.

La edad la ha cambiado mucho, ya no le gusta dormir bajo las cobijas y ahora pide ayuda para subir a la cama. Respira tan rápido que en ocasiones me roba la tranquilidad: «Hey, dime si estás bien. No me asustes». Se sienta e inclina la cabeza, me mira fijamente y cierra la boca. Parece pedirme que deje de estar chingando; cuando quiera ponerse mal lo hará como lo ha aprendido, al estilo de su madre, con garra y harto drama, como si estuviera arriba de un escenario. Le beso los bigotes. A veces también los dientes, la panza, las patas. Que me tachen de insalubre, este generoso animalito me ha salvado la vida en varias ocasiones, y eso, créanme, bien vale un par de billones de bacterias bailando en mi sistema.

Los pobres incautos que acaban de llegar tomaron el turno 62. Les faltan 30 perros. Paciencia, compañeros de dolor. 14.10 pm. Rana se levanta y me mira con cara de estos cabrones ya se pasaron. A lo lejos veo cómo Sergio, el chofer que me acompaña, le hace ojitos a una de las muchachas que limpian las jaulas. Cabe mencionar que, para aminorar el hambre y hacer más leve la espera, me compré unos bimbuñuelos y un capuccino. Él, una barra de granola y un café negro. Dice que va a correr casi todos los días y que quiere ponerse como el morenazo del comercial de Old Spice. Pinche midlife crisis que ya le tiró la maldición de la necesidad de un cuerito nuevo que probar. Lo veo recargar el brazo en una pecera, así como queriendo aprisionar a la escuincla, mientras sonríe y muestra su dentadura de comercial de pasta de dientes.

Chale, me duelen los ojos. No sé si de sueño o por el espectáculo de Sergio «el ligador» en plena clínica animal. El señor de la Jeep de al lado contesta el teléfono y alcanzo a escuchar que trae a El Viejo, un pastor inglés, porque ya no se levanta. Lo bajan de la camioneta en camilla. Abrazo a Rana y rompo en llanto otra vez.

El 17 de enero tengo cita con el psicólogo; espero que esté realmente preparado para verme.

CW*

8 comentarios sobre “Sala de espera

  1. shit*

    va a estar bien. van a estar las dos bien.
    todo se parece a su dueño y algo que me queda claro es que tú no te dejas caer sin sacar las garras, asustar a los demonios y defenderte hasta el último respiro para demostrar de qué estás hecha… sugar and spice and everything nice, of course…and a whole lot of toughness.

    la cosa es que así como nadie jamás entenderá lo importante que es para ti, sólo ella puede demostrarte lo importante que eres para ella.

    ….vas a ser la mejor mamá.

    i.

  2. En «Sala de espera» viví cada instante que detallaste como tu sabes hacerlo; simpática,amena, conmovedora, con ése talento que te caracteriza. Así, como los buenos libros que no quíero que terminen y saboreo pausadamente las últimas páginas

  3. Ana Carina las que tenemos la fortuna de formar parte de tu familia sabemos de lo valiosa que ha sido la famosa rani o ranita para ti, has sido la mejor mamá y ella asi lo siente, todos los Alanís giran su vida en torno a la rani, que si va a Acapulco, que si el alimento hipoalergénico, etc. Misión cumplida,
    Y si Ana Car en pocos añitos a estas horas estarás buscando el juguete de reyes que te pidió tu niño o niña a quien vas a amar entrañablemente.
    Besos Tu Tía Carmín

  4. vida mia, que te puedo decir los amas con los dientes ,con el corazon,con el alma son hijos para toda la vida y no se olvidan sigo llorando como me dejo, como perro.

    1. Caigo en un cliché que reconforta: Rana es uno de los regalos más hermosos que me ha dado Dios, el Universo, la naturaleza, la vida… you name it. Mi misión con respecto a ella es vencer el miedo a que me deje sola. No me imagino estos últimos 10 años sin ella 🙂

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